Crear una visión país, mejorar la calidad y los salarios de los profesores, terminar con la municipalización, y estimular el liderazgo en las escuelas, son algunos de los ingredientes de la receta de cinco puntos, que propone David Hopkins para la educación actual.
Uno de los más comprometidos y lúcidos pensadores del cambio educacional y, en particular, del mejoramiento de las escuelas, David Hopkins, estuvo en nuestro país. Lo que sigue es la conversación que tuvimos con él sobre la situación que vive actualmente la educación, partiendo por los cinco puntos que a su juicio, deben acometerse para salir adelante.
1. Crear una visión país para la educación
De acuerdo al académico, el cambio en materia de educación debe partir de la definición de una visión país para la educación “energizante y movilizadora”, que exista también a nivel local, involucrando no sólo al ministerio, sino también a las alcaldías y superintendencias. Debe haber un liderazgo definido dentro del sistema para exponer las metas nacionales: “se necesitan políticos que tengan claro dónde quieren que esté el sistema, que transmitan imágenes poderosas sobre lo que quieren de la gente y el rol que van a cumplir en el siglo XXI. Tienen que ser muy claros al contar el cuento, creando una visión de futuro”. Hopkins recalca que un ministro no puede hacer esto solo: “se requiere de una coalición guiada de gente de influencia, sumando organización, gente de calidad e inteligencia como JJ Brunner, para construir un consenso al más alto nivel de la sociedad para apoyar estas reformas”.
2. Identificar prioridades para concentrarse en ellas
Es poco viable intentar cambiar todo el sistema a la vez, por lo cual Hopkins aconseja definir prioridades específicas, que pueden ser, por ejemplo, mejorar la capacidad lectora de los niños, para, en virtud de ellas, articular el currículo, los estándares, etc. Esto debe incluir herramientas para los profesores. “El problema con los profesores del mundo (añade) es que no tienen las herramientas adecuadas para realmente enseñar a sus alumnos”.
3. Invertir en la calidad de los profesores
El académico observa que el trabajo de los profesores no es valorado socialmente, lo que se refleja en la cantidad y calidad de los estudiantes que postulan a las carreras de pedagogía, así como en los bajos sueldos que reciben los docentes. Cumplir esta meta podría tomar unos veinte años, fácilmente.
4. Invertir en la calidad de los directores
El liderazgo en las escuelas debe ser estimulado también, “los directores (continúa Hopkins) tienen que compartir los mismos niveles de liderazgo que los políticos. Y el impacto que esos líderes pueden tener en los colegios, puede ser muy poderoso.
5. Alinear el sistema educativo
David Hopkins sostiene que nuestro sistema educativo no está bien conectado con todas sus partes y eso lo hace débil a lo largo del país. “Hay muchos colegios en áreas rurales y eso crea un problema geográfico adicional; hay que comprimir la conexión”. Esta situación se refuerza por el hecho de que “las municipalidades tampoco están alineadas, hay diferencias en tamaños, algunas tienen más poder que otras, es necesario redistribuir ese poder y darle más autonomía a los directores de escuelas”. De acuerdo a Hopkins, el sistema municipalizado de la educación provoca desniveles por la diferencia de recursos y porque trae confusión, “ya que no se sabe quién manda, si el ministerio, el director o el municipio”.

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